A sus 17 años y sin aún haber alcanzado la mayoría de edad, Lamine Yamal está marcando el camino para convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo.

Lejos de ser solo una promesa, el joven futbolista del FC Barcelona ha demostrado en cada Clásico que está listo para brillar en los grandes escenarios.
Y es que el de Rocafonda no solo no se achica, sino que se agranda ante el eterno rival. Esta temporada, el ’19’ blaugrana ha disputado cuatro enfrentamientos frente al Real Madrid, participando de manera directa en cinco de los 16 goles que el Barça ha conseguido ante los blancos.
Un gol en cada uno de los partidos de Liga, otro más en la final de la Supercopa y dos asistencias decisivas en la final de Copa.
El último duelo en Montjuïc fue una nueva confirmación de que Lamine Yamal no entiende de presiones. Con el Real Madrid adelantándose en el marcador gracias a un doblete de Kylian Mbappé, el Barça se vio obligado a remontar.
Eric Garcia fue el encargado de recortar distancias y, como si de un guion escrito para él se tratara, Lamine apareció para igualar el marcador. La jugada, ya un clásico en su repertorio, se repitió: incursión por el costado derecho, recorte hacia su pierna izquierda y disparo ajustado al palo largo.
Un movimiento que Courtois, con sus dos metros de altura, no pudo detener. El gol fue un bálsamo para los más de 50.000 aficionados que llenaron la ‘montaña mágica’, que volvieron a creer gracias al joven talento.
La celebración de Lamine, una vez más, no dejó indiferente a nadie. En un acto de absoluta calma, similar al que ya mostró en el Santiago Bernabéu, se llevó las manos al aire, pidiendo tranquilidad. En octubre, lo hizo luciendo el logo de Coldplay; esta vez, el elegido fue Travis Scott. El mensaje es claro: la grandeza se lleva con calma, porque para Lamine Yamal, esto apenas está comenzando.
No es casualidad que Jorge Mendes, su representante, haya declarado recientemente en una entrevista que Lamine merece el Balón de Oro. Sus actuaciones en los Clásicos son solo una muestra del inmenso talento que atesora, y a pesar de su juventud, su madurez futbolística es innegable. “Mientras gane, no me pueden decir nada, cuando me ganen, entonces sí”, declaraba el propio Lamine antes de las semifinales de la Champions frente al Inter de Milán. Con esa mezcla de confianza y ambición, el de Rocafonda se planta en el césped sin complejos, demostrando que su candidatura al Balón de Oro no es un capricho, sino una realidad palpable.
La comparación con otras jóvenes promesas es inevitable, pero pocos han demostrado un impacto tan inmediato en un club de la magnitud del FC Barcelona.
Junto a Raphinha, y a la espera de lo que pueda hacer Dembélé en el Paris Saint-Germain, Lamine es uno de los candidatos a reinar en el panorama mundial. Y si el PSG consigue la Champions, el debate será aún más intenso. Sin embargo, mientras otros hablan, él sigue escribiendo su historia con goles y asistencias.
El futuro se vislumbra brillante para el ’19’ del Barça. Con cada partido, con cada gol, con cada celebración, Lamine Yamal sigue derrumbando barreras y construyendo un camino que parece llevarle directo hacia el Balón de Oro.
La pregunta ya no es si lo ganará, sino cuántos logrará alzar. Porque cuando un jugador tan joven ya demuestra una personalidad tan arrolladora en partidos de alto voltaje, el horizonte se pinta de oro. Y Lamine, con esa calma que solo los grandes conocen, parece tenerlo claro.